El poder de la sangre

Desde lo alto de la torre que lleva su nombre en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), el empresario Marc Puig, presidente ejecutivo de la multinacional de moda y fragancias Puig y recién nombrado director del Instituto de la Empresa Familiar (IEF), hace balance de los cinco meses que han pasado desde que comenzó el estado de alarma por la pandemia. “Esto ha sido como un tsunami y las empresas han sido como las casas frente a él: las que tenían buenos fundamentos y habían diversificado han podido resistir un poco, a las que no, les ha pasado el tsunami por encima”, razona. El coronavirus ha dejado heridas profundas en el tejido empresarial español, que ya se prepara para una nueva oleada de rebrotes. Puig, que lidera la tercera generación en la compañía que fundó su abuelo, reivindica el papel de las empresas familiares como garantes de la estabilidad, los planes a largo plazo y la fidelidad con el territorio, y sitúa estos valores como indispensables para hacer frente a la crisis.

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