Próxima estación: Delibes

En su casa de Valladolid, la pequeña habitación en la que murió Miguel Delibes hace 10 años sigue igual que aquel día: la cama monacal a un lado y en la cabecera, como si fuera un evangelista, Walt Whitman con la barba poblada de mariposas en un grabado de Gregorio Prieto; en la mesilla, un despertador parado a las tres y diez, una cruz de metal, un ajado Evangelio de bolsillo, libros de Miguel Hernández, Francisco Umbral y Carmen Laforet y una vieja grabadora Sanyo. En la habitación contigua —el despacho— solo faltan la mesa en la que escribía y el retrato que García Benito le hizo a su esposa, Ángeles de Castro, y que dio título al libro que el escritor le consagró años después de su prematura muerte: Señora de rojo sobre fondo gris. Ahora están, con la medalla del Premio Cervantes de 1993, en la Biblioteca Nacional de Madrid, que el 17 de septiembre inaugurará una exposición por el centenario del autor, que se cumple un mes después.

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