Reincidir al volante, clave para acabar en prisión

Hasta 128 gallegos cumplen actualmente penas de prisión por delitos contra la seguridad vial. Un informe elaborado por Instituciones Penitenciarias y presentado el pasado lunes por el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, analiza un problema que afecta de lleno al territorio gallego.

Las elevadas cifras de algunas provincias como La Coruña o Pontevedra sorprenden al pasar por encima de territorios con un mayor número de habitantes. Según palabras de Rubén Veiga, letrado penalista en Xeito Abogados, la explicación de este elevado puesto puede encontrarse tanto en la «cultura gastronómica, que no solo implica el comer sino también el beber» como en el «exhaustivo control de seguridad vial presente en Galicia», mayor incluso que en otras autonomías.

Parece que en Galicia los eficientes controles de tráfico llevan más casos ante los tribunales que en otras comunidades, pero en ocasiones la justicia no es suficiente para los afectados y sus familias. Jeanne Picat, fundadora de la organización StopAccidentes, es clara: «Muy pocas sentencias son justas. No buscamos venganza, solo reeducación. Es necesaria una justicia que sea preventiva, reeducadora y reparadora».

La organización, con veinte años de actividad a sus espaldas, tiene delegaciones a lo largo y ancho del territorio español que buscan dar apoyo y orientación a las víctimas y sus allegados en el caso de un accidente de tráfico. «No somos abogados ni ofrecemos asistencia jurídica, pero intentamos guiar a aquellos que acuden a nosotros con temas como el lenguaje judicial, muy complicado de entender a veces», explica la fundadora en conversación con este diario.

Picat también se muestra clara a la hora de informar sobre la nomenclatura utilizada por su organización. «No utilizamos la palabra accidentes porque es un término que señala algo inevitable. Este tipo de sucesos puede evitarse en más del 90% de las veces», explica. «Por eso preferimos utilizar el término de violencia vial, que es lo que sufren las víctimas y sus familias».

Veiga, abogado encargado de delitos contra la seguridad vial, señala que a pesar de los altos números de condenados que registra Galicia —108 solo entre La Coruña y Pontevedra— el porcentaje de los acusados que acaban en la cárcel es «muy pequeño». «Lo habitual son las multas y los trabajos en beneficio de la comunidad», informa el letrado. «Y según mi punto de vista, estas son las penas más beneficiosas para todos, tanto para el conjunto de la sociedad como para el propio amonestado».

«Hay situaciones donde el individuo ha cometido una falta que supone un verdadero peligro para terceros, y también hay personas que no respetan medidas menos restrictivas y necesitan un escarmiento», añade Veiga para explicar que en ocasiones la pena de privación de libertad sí es necesaria. «Pero en muchos casos, pasar por el centro penitenciario no conlleva una mayor reinserci
ón, sino casi todo lo contrario. Muchos condenados pierden el empleo, y su situación empeora drásticamente».

El letrado señala la repetición de delitos por parte del condenado como la principal causa de los ingresos en prisión. «La Fiscalía pide pena de cárcel a partir de la tercera reincidencia», apunta. Aunque sí hay faltas como la conducción temeraria o la negativa a someterse a las pruebas de alcoholemia que se castigan con más dureza, en líneas generales lo más influyente no es el tipo de delito cometido, sino las veces que se haya llevado a cabo.

La fundadora de StopAccidentes también coincide en la importancia de este agravante. «El verdadero problema son los delincuentes reincidentes», afirma, añadiendo también que «la mayoría de esas repeticiones de delito vienen dadas por enfermedades como el alcoholismo, que son muy graves al volante».

«Las faltas de respeto a las normas de tráfico están muy normalizadas en España», denuncia Picat, quien quiso hacer asimismo una alusión al recién pasado estado de alarma. «En marzo nos dijeron a todos que nos quedásemos en casa y casi todo el mundo hizo caso. Pero sin embargo tenemos unas normas de seguridad vial, que son leyes, y hay mucha gente que no las respeta. Hace falta más educación y más cabeza», concluye para ABC.

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